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miércoles, 16 de septiembre de 2020

Notas aclaratorias sobre la homosexualidad en la Antigua Grecia; Equipo de Bitácora (M-L), 2020

«Uno de los errores más frecuentes a la hora de analizar nuestras sociedades y sus problemas es mirar qué ocurría en la Antigua Grecia, la cual siempre ha influido notablemente a Occidente para tomar sus referentes. Pero hacerlo desde la cosmovisión actual sobre la homosexualidad, o peor, del concepto cristiano de familia y las relaciones sexuales, es un graso error. Conceptos actuales como el amor, sexualidad, amistad, familia, masculinidad, feminidad y muchos otros, tenían connotaciones muy diferentes, casi inimaginables para alguien no versado en el pensamiento griego de las épocas arcaica, clásica y helenística.

Autores como Michel Foucault, Jacques Lacan o Kenneth James Dover han querido ver los acontecimientos de hace más de 2.000 años bajo una perspectiva moderna y, dentro de esta, buscar paralelismos personales, eludiendo las fuentes directas, los expertos en la cuestión, etc. Todo ello en un intento de reformular la sociedad griega casi como una especie de paraíso-modelo para el colectivo LGTB actual, cosa imposible, como veremos más adelante, ya que hablamos de una sociedad altamente estratificada, con rasgos cada vez más patriarcales conforme evolucionaba, como ya demostró Friedrich Engels en su obra: «El origen de la propiedad privada y el Estado» (1884). 

Este mito se podría refutar simplemente con observar que, como en algunas de las sociedades actuales recientes y también presentes, la homosexualidad o el travestismo era –en ocasiones– cuestión de burla y escarnio en la sociedad greco-romana –como quedaba reflejado tanto en «grafitis» como en el lenguaje popular–, aunque con ciertos matices de importancia, ya que, en las relaciones sexuales, todo estaba en conexión con los conceptos del ser activo y el ser pasivo, así como el estatus del amante y el amado, para certificar hasta qué punto era lícita esa relación. 

«La actividad homosexual masculina se consideraba, hasta cierto punto, normal, pero solo si se mantenía dentro de ciertos parámetros sociales claramente definidos. Las relaciones entre iguales en edad estaban mal vistas. En la Atenas clásica, las relaciones homosexuales tenían idealmente algunas características de un rito de iniciación, entre un niño joven y sin barba y un mentor mayor. Sin embargo, incluso esas relaciones estaban rodeadas de etiqueta con respecto al proceso de cortejo y al dar y recibir obsequios y otras señales, mientras que en la ley clásica ateniense se expresaba una ansiedad profundamente arraigada sobre la pederastia. Aristóteles sostiene que cualquier disfrute de lo que él veía como el papel subordinado y derrotado del socio pasivo en una relación homoerótica era antinatural; en pinturas de vasijas atenienses, la pareja pasiva nunca se muestra con una erección. La figura ateniense de los kinaidos, el hombre que realmente disfruta del papel pasivo, se presenta como una figura asustadiza, tanto social como sexualmente desviada». (R. Porter y M. Teich; Conocimiento sexual, ciencia sexual: la historia de las actitudes hacia la sexualidad, 1994)